Mientras el Fondo Monetario Internacional bajó sus expectativas de crecimiento para México en 2026, el Gobierno federal respondió con un mensaje de confianza: la economía nacional, según Hacienda, tiene condiciones para superar esa proyección.
El secretario de Hacienda, Edgar Amador, fue claro al señalar que el ajuste del organismo responde a factores externos —como la volatilidad energética y la incertidumbre global— y no a problemas internos de la economía mexicana.
La apuesta oficial se sostiene en indicadores como el consumo interno, el empleo formal y la inversión productiva, que el Gobierno interpreta como señales de fortaleza suficientes para superar el 1.2% que actualmente proyecta el FMI.
De fondo está una negociación que puede cambiar el panorama por completo: la revisión del T-MEC con Estados Unidos, cuyo desenlace será determinante para saber si México logra sostener su atractivo como destino de inversión en medio de la incertidumbre comercial global.
Para las pequeñas y medianas empresas, un escenario de crecimiento superior al esperado podría traducirse en más crédito, más consumo y mejores oportunidades de negocio, aunque todo dependerá de factores que el país no controla del todo.
En los próximos meses, los indicadores económicos dirán si México cumple su apuesta o si termina alineándose con la cautela que ya expresó el FMI.